Pinturas

«Gernika peregrino» de Sofía Gandarias

2026-10-01 - 2026-10-31

Presentación

Quise pintar siempre este tríptico, pero no me sentía capaz hasta que… hace dos años decidí que había llegado el momento.
Años 60. Lo que veía de niña en Gernika era una ciudad construida por “Regiones Devastadas”, algo mussoliniana. Los vencedores nos habían regalado
un pueblo nuevo. Son los vencedores de las guerras los que escriben la historia, a nosotros nos dejaron nuestro árbol…
Gernika es mi grito contra lo que no debió ocurrir, contra lo que no debería ocurrir…

El 26 de abril de 1937, la Legión Condor dejó caer pesadas bombas
incendiarias sobre Gernika, ciudad sagrada de los vascos y símbolo de sus libertades (y del cielo llovía sangre, en el centro del cuadro) y ametralló con la
mayor saña imaginable a los civiles que huían de la ciudad en llamas (…)

Era lunes, día de mercado, a las cuatro y media las campanas de la torre de la iglesia sonaron con estrépito; en España en esa época, el tocar a rebato significaba alarma aérea. Unos minutos más tarde, apareció un Heínkel 111 y otro y otro… Lanzaron bombas y torpedos, eligiendo sus blancos de manera ordenada.

En la primera parte del tríptico, esas bombas matan “la esperanza” (madre embarazada) dejan una danza macabra en la procesión de los fetos (parte baja del cuadro) y destruyen (la iglesia de San Juan ardió) la iglesia de San Juan. El reloj de la torre marca la hora del incendio. ¿Qué se podía salvar en Gernika?, sólo quedaban viejos, mujeres con caras grises y niños muertos (última parte del tríptico) cuando a las 7 y 45 minutos se fue el último avión.

Dice George L. Steer, corresponsal del Diario The Times: “Cayó la noche; Gernika había dejado de existir”. Gracias a Steer, el mundo conoció la tragedia y yo he querido tenerlo muy presente en el tríptico. Gernika era un horno, se había apoderado de ella una enorme mancha roja —“y del cielo llovía sangre” — y también, como en el poema de León Felipe estaba “sola y en cruz, con la lanza cainita clavada en el costado, sola y desnuda”.

En la concepción y ejecución de este tríptico hay un lento trabajo de indagación, de penetración, de comunión con aquel momento, de ojos que olvidan caminos para volverlos a retomar (mi infancia). Los pintores inscriben. He ido ordenando el cuadro en una escala de valores, como si fuera una partitura, soy pintora gracias a la música y aquí el Requiem de Verdi ha sido mi compañero.

Estos días mi corazón está dolorído porque murió una fría mañana de Marzo, en Berlín, el Maestro Yehudi Menuhin. “Los heraldos negros” se lo llevaron, como diría el gran poeta peruano César Vallejo. Menuhin iba a dar el Concierto de la Paz en Gernika el 26 de abril del 2000, iba a la Ciudad de la Paz, él que era símbolo de paz, ejemplo para todos de tolerancia, de generosidad, de ser humano. Después de su muerte, nada es igual para mí.

Quisiera dedicarle estas últimas palabras, a él que tanto luchó por la paz y decir que, pese a todo “la vida es bella” como diría Benigni. Gernika es un símbolo de paz, el porvenir no está escrito. Construyámoslo. Todos debemos asumir el compromiso que el destino nos ha marcado, ser bandera para la PAZ, en cualquier lugar y situación, para que nada parecido a aquel 26 de abril de 1937 vuelva a repetirse.

Sofía Gandarias (Guernica 1951-Madrid 2016), fue formada en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, recibió muchas condecoraciones, entre ellas la de Chevalier des Arts et des Lettres de la République Française y la de Chevalier de la Légion d’Honneur de la République Française. Ha realizado veinticinco exposiciones individuales y doce colectivas. Su obra está representada en importantes museos y colecciones públicas y privadas, tanto nacionales como internacionales, ninguna de sus exposiciones, y he presenciado varias de ellas, dejan al espectador impasible.

Su pintura se caracteriza por ser sobria, de colores quebrados y una técnica directa sin artificios, materializando un mundo interno, su mundo, sensible, culto y, sobre todo, cargado de compromiso social, altamente beligerante.

La pintura de Sofía Gandarias, crea llagas profundas en el espectador, remueve conciencias y carga de elemento simbólicos cada uno de sus cuadros, unas veces tratados de manera temáticamente individualizada y, otras, adoptando la fórmula de series temáticas de diversa intencionalidad denunciadora, crítica, o puramente satírica. Muchas veces se basa, antes de pintar, en textos de escritores importantes, que ella refleja en su pintura, plasmando la intencionalidad del autor.

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